Cuando pensé que estaba lista para amar incondicionalmente…

Cuando pensé que estaba lista para amar incondicionalmente…

Durante cinco largos años me dediqué a participar en un grupo que profesaba la filosofía hindú; todos los días meditaba, oraba, cantaba sentada en los cultos semanales y hacía servicio a los más necesitados. A pesar de la paz que sentía, cada vez que salía de ese pequeño “ashram” me encontraba con mi madre quien me suplicaba que amara a “su” Dios y no al “gurú anticristo”, como ella le llamaba.

Escuchar a mi madre con sus comentarios sarcásticos me llevaba a experimentar emociones y comportamientos dolorosos. En alguna oportunidad le gritaba con tanta rabia que yo misma me asustaba por la fuerza tan explosiva que ponía a mis palabras. Al final de la contienda me sentía invadida por la culpa y me retiraba llorando en soledad y sólo pensaba en lo difícil que era el camino del amor incondicional.

Una mañana, compartiendo en el grupo de estudios espirituales, se reflexionó sobre la virtud de la tolerancia y, en ese momento, sentí que todo lo que estaba viviendo con mi madre empezaba a tener sentido. En ese largo y solitario camino hacia el amor fui comprendiendo que mis prácticas espirituales me preparaban para manejarme sanamente en las relaciones interpersonales pero, para triunfar en éstas, era necesario desarrollar  la “tolerancia” en las relaciones. Es imposible desarrollar relaciones sin actuar con tolerancia. ¿Quién no quiere tener la razón? ¿Quién no quiere ser perfecto?

En mis oraciones siempre pedía a Dios que me condujera a ese estado de paz en mis relaciones de amistad, en mis relaciones de pareja y en mis relaciones de familia, pero no me daba cuenta de que Él me guiaba por un camino solitario hacia mi madre, pavimentado por nuestros enfrentamientos personales, que me dejaban una sensación de soledad, de vacío, pero que servirían para integrar en mí la tolerancia.

Con consciencia y mucha paz en mi alma fui comprendiendo paulatinamente que las críticas de mi madre me fueron desarrollando la tolerancia pues, para ser tolerantes con aquellos que son diferentes a mí, debía aceptar primero aquellas partes de mi propia psique que me eran desconocidas. ¡Es que el mundo de los seres humanos es tan diverso y tan complejo que enfrascarse en interminables batallas para demostrar tener la razón se convierte en una lucha inútil, desgastante e innecesaria en nuestras vidas!

En este proceso de desarrollar la tolerancia, entendí que muchas personas tendemos a juzgar aquello que nos da miedo o no conocemos o no comprendemos. Por lo tanto, la tolerancia es una hermosa oportunidad para aceptar nuestros miedos, ignorancias y limitaciones.

Al integrar este conocimiento me dediqué a desarrollar la empatía y me abrí a comprender mis miedos y mis limitaciones, al igual que los de mi madre. Recuerdo que un día la visité y cuando me dí cuenta que ambas estábamos listas para hablar del tema que nos separaba le conversé de los temores que me inspiraba “su” Dios. Ella quedó muy sorprendida pues nunca se imaginó que un solo mensaje repetido muchas veces y con una fuerte carga emocional había podido hacerme un daño tan profundo cuando era niña: “Dios te va a castigar…”. Le hablé de mis miedos infantiles a “su” Dios y cómo me paralizaba de miedo el solo pensar en el castigo por no hacer lo que ella me pedía o exigía. En respuesta, escuché los relatos de mi madre que expresaban mucho dolor en su corazón, y me di cuenta que sus miedos eran peores que los míos y que su amor infinito a Dios fue lo único que a ella le dio seguridad, en una infancia completamente ausente de papá y mamá. Algunos días después la acompañé a su templo y allí compartimos juntas el verdadero amor, porque Dios es amor y solo eso.   

Hoy me veo y me sonrío al recordar lo difícil que fue esa prueba, y cómo hoy manejo conscientemente esas situaciones de una manera abierta y respetuosa. Cuando soy tolerante con otros, admito que no soy perfecta y que no me las sé todas, que me puedo equivocar de vez en cuando y que, aún en el caso de estar segura de tener la razón, el amor es más importante.

Hoy te puedo decir que soy intolerante a la violencia y a la crueldad, especialmente la que se ejerce hacia los niños pero, ¿quién soy yo para juzgar? Ciertamente, cuando veo la indefensión de los niños ante tanta violencia y maldad, me recuerdo a mí misma que lo que juzgo es la conducta del ser humano y no al ser humano.

Que rico es comprender que al desarrollar la tolerancia en nosotros, nos aceptamos con nuestras propias fallas pero que, además, podemos tener relaciones de amistad extraordinariamente gratificantes.  

Recuerda que no somos perfectos, somos ¡humanos!

Siéntete libre de responder mi articulo con las reflexiones que generes o cualquier duda que tengas.

-Nahil Núñez

Comments (4)

  • Julia Melendez

    Buenas tardes, excelente articulo gracias por sus palabras, y que dificil se torna a veces ser tolerante con la pareja, o con los hijos adolescentes, espero que Dios me ilumine y pueda manejar el ser tolerante en algunas cosas que chocan o van en contra de mi forma de ser o pensar.
    Un gran Agrazo Nahil

  • Magaly Murillo de Gómez

    El amor incondicional puede estar presente en las relaciones interpersonales a pesar de que los seres humanos tengan diferentes formas de pensar, sentir y actual y que muchas veces chocan por no tener las mismas ideas. La diversidad en los pensamientos y las acciones no deben verse desde una óptica de enemistad sino como una opción y toma de decisiones desiguales que deben visualizarse desde el respeto aunque no concuerden, la noción debe partir entonces del respeto mutuo NO PENSAMOS IGUALES, NO ESTAMOS DE ACUERDO, YO TE DEBO RESPETO Y TU ME DEBES RESPETO, sin el enganche ya que cada ser humano es único e irrepetible. Al fin somos seres sociales que no podemos vivir eternamente en la soledad, necesitamos de la convivencia con base en los límites que cada quien coloca y el espacio que no se debe traspasar. En la medida que seamos empáticos se puede llegar a la comprensión y a la tolerancia, todo esto como valores que deben prevalecer en el entorno familiar, escolar, comunitario-social y en el laboral

  • Ricardo Olivares

    Excelente artículo. Tengo que desarrolla la tomerancia.

  • Zenny Colón

    Excelente reflexión. Bendiciones!

Leave Comment