Amor con hambre no dura…

Amor con hambre no dura…

Amor con hambre no dura…

El título de este artículo me recuerda una charla a la que asistí buscando respuestas a “cómo elegir una mejor pareja, y no morir en el intento”. Con su mejor intención, la facilitadora nos enseñaba que a los hombres había que tratarlos como a los perros: rascarle la espalda en las noches y darle comida a tiempo para que siempre fueran fieles a nosotras. No había terminado de decirlo y yo solté una carcajada que no paró por dos días. ¡Mi mente creativa es una cosa seria!

Cuando recuerdo ese entonces, viene a mi mente la imagen de muchas mujeres sentadas en un auditorio buscando la fórmula perfecta para triunfar en el amor. Yo les preguntaba: ¿Realmente necesitas pasar tu vida tratando a tu futura pareja como a un perro? ¡Y volvía a soltar las risas! Es que no me imaginaba jamás haciendo ese ritual a un hombre para que me amara de verdad.

En el camino hacia el amor me encontré con un miedo muy grande: “que el hombre al que iba a amar no me quisiera de verdad”. ¿Tremendo no? Pero también me di cuenta de una creencia terrible, muy difundida: “para amar hay que sufrir”. Aunque es cierto que mis padres, como pareja no fueron perfectos, sí se profesaban amor a diario, por lo que nos dieron mucho amor a sus hijos. Por eso descubrí quiénes, en realidad, habían sido mis grandes maestros para llegar a ser adicta al amor con sufrimiento: ¡la radio y la televisión!

Aunque parezca increíble, las creencias que tienen fuertes influencias en nuestras vidas, se establecen en nuestra psique en la etapa de los cero a los seis años de edad. Las creencias son en gran medida procesos inconscientes de pensamiento organizado. Como son inconscientes, resultan difíciles de localizar, pero no imposibles de concientizar, si nos lo proponemos y, gracias a los métodos que nos brindan diversas especialidades de terapia humanística, como la PNL, Gestalt y la hipnosis clínica, entre otras, podemos volver a la cordura.

Desde muy niña las novelas radiales eran mi pasión; luego, siendo más adulta, con la llegada de la televisión, esa pasión se acrecentó aún más. De niña, apenas regresaba del preescolar, me acostaba en el piso con los ojos cerrados, a escuchar la novela de las 12:00 m, para luego seguir con la de la una de la tarde. Dos horas de novela durante 5 años de mi infancia me bastaron para aprender a “amar con sufrimiento”. Mi mente infantil se deleitaba con las narraciones, y mis emociones me hacían vivir con intensidad cada capítulo de la novela: odié, maté, amé, reí, entristecí y sentí oleadas de soledad. ¡Dios! Es que cada capítulo era una clase magistral de programación neurolingüística, pero basada en el sufrimiento. De haberlo sabido, me hubiera dedicado a bailar, cantar, tejer, o brincar la cuerda. Pero esa fue mi elección inocente, y fue buena para mí.

¿Qué novelas viste tú? ¿Te recuerdas de alguna en particular? ¿Cuál era tu personaje favorito?

Analizando casi todas las novelas que escuché y vi, me doy cuenta que estaban basadas en el miedo; los celos aparecían por todas partes; sentimientos que los personajes destacaban como algo importante para, así, demostrar el amor por el otro. Más tarde, al estudiar, concienticé que las relaciones basadas en el miedo están infectadas por la “mentalidad de escasez”. Las parejas con este tipo de mentalidad sienten que más vale aferrarse a cualquier forma de amor o atención, porque pueda que no vuelva a darse nunca más.

Son niños en cuerpos de adultos, jugando a ser pareja, pero con necesidades infantiles de amor, aprecio, afecto y atención; por mucho que le de esto, nunca será suficiente.

Así como las novelas me educaron a en esta locura de amor, así también los padres, como pareja, nos muestran su novela en vivo, con sus dramas de amor y odio, peleas y reconciliaciones y los niños copiando el modelo de escasez.
Sanar la mentalidad de escasez implicó tomar el reto de hacerme responsable de mí misma, de mis partes más débiles, llenando con abundancia y de consciencia mi vida; dándome el permiso de elaborar una nueva historia de amor, donde yo elegí como amar y ser amada, más madura y responsable, en donde la felicidad dependa de mí y no de otro, pues el otro será responsable de hacer su parte; donde el propósito de estar juntos implique sentirse parte de la relación con respeto y amor.

Salir del estado de ser víctima, es el acto más valiente que asume toda persona que quiera una nueva vida en pareja; donde no hace falta tratar al hombre como a un perro, sino como a un ser humano.

En el presente, cada capítulo de mi novela de amor la construyo yo!

Comments (1)

  • Soraya Lainette

    Amiga increíble que existan personas que den consejos de tratar a los hombres como un perro, me encanta este articulo, recuerdo las novelas yo vi la dueña con Amanda Gutierrez me encantaba su temple, hoy no veo ninguna, mi mente esta en busca de información que eleve mi nivel de conciencia, mi esposo dice que las novelas son para NO-VERLAS
    Disfruto y aprendo de tus articulos y vienen a mi mente los días de estudio juntas, te admiro mucho y gracias por tomar este camino tan hermoso, Felicitaciones

Leave Comment